Comité de Diversidad, Equidad e Inclusión

Amar desde la diversidad: Una reflexión humana desde la profesión

Por CPA Joel Rodríguez, miembro del Comité de Diversidad, Equidad e Inclusión

Durante gran parte de nuestra vida profesional, especialmente como Contadores Públicos Autorizados (CPA), se nos ha enseñado a analizar, clasificar y medir. Nos sentimos cómodos con lo tangible: números, leyes, criterios, evidencia. Sin embargo, hay aspectos fundamentales de la experiencia humana que no caben en una hoja de trabajo ni se ajustan a una fórmula matemática. Uno de ellos es el amor.

Hoy escribo estas líneas no solo como CPA, sino como ser humano. Como un profesional de 40 años, puertorriqueño, gay, que decidí vivir mi amor de la forma en que me hace feliz, con responsabilidad, compromiso y respeto. Comparto esta reflexión porque creo firmemente que hablar de las diferentes formas de amor no es un acto político ni ideológico, sino profundamente humano.

El amor no es un concepto único

Desde pequeños, aprendemos a amar a partir de lo que vemos, vivimos y sentimos. La familia en la que crecimos, nuestras relaciones tempranas, las pérdidas, los logros y hasta los silencios moldean nuestra idea de lo que significa amar. Para algunos, el amor se expresa con palabras; para otros, con actos. Para unos, el amor se vive en pareja; para otros, se manifiesta en la crianza, la amistad, el servicio o el acompañamiento.

Pretender que existe una sola forma correcta de amar es desconocer la diversidad de historias humanas que coexisten en nuestra sociedad. El amor no es uniforme porque las personas no lo somos.

Amar distinto no es amar menos

En muchas ocasiones, cuando hablamos de relaciones que se salen del molde tradicional, surge el miedo a lo desconocido. Sin embargo, amar a alguien del mismo sexo, amar sin hijos, amar desde una familia reconstituida o amar desde una etapa distinta de la vida no disminuye la profundidad ni la legitimidad de ese amor.

El compromiso, la lealtad, el cuidado mutuo y el deseo genuino de crecer junto a otra persona no dependen del género, la orientación sexual o la estructura familiar; dependen de valores. Y esos valores como responsabilidad, respeto y honestidad, son los mismos que defendemos en nuestra práctica profesional.

La profesión y la empatía

Como CPA, ocupamos espacios de liderazgo. Somos asesores de confianza, mentores, educadores y, muchas veces, figuras de referencia para clientes, colegas y comunidades. Nuestra capacidad de ejercer la profesión con excelencia no se ve afectada por a quién amamos, pero sí se fortalece cuando ejercemos con empatía.

Respetar las diferentes formas de amor no significa renunciar a creencias personales; significa reconocer la dignidad del otro. Significa entender que cada persona carga una historia que no siempre conocemos y que merece ser tratada con humanidad.

El amor como acto de valentía

Para muchos, amar libremente ha sido un proceso de aceptación personal, de reconciliación con la infancia y de construcción consciente de una vida auténtica. No todas las personas tienen el privilegio de amar sin miedo desde el inicio. Por eso, el amor, en cualquiera de sus formas, también puede ser un acto de valentía.

Elegir vivir una vida coherente entre lo que sentimos, lo que somos y lo que proyectamos al mundo requiere coraje. Y ese coraje merece respeto.

Un llamado al respeto

Este no es un llamado a pensar igual, sino a convivir mejor. A entender que el amor adopta múltiples expresiones y que ninguna de ellas amenaza la integridad de la profesión ni los valores que compartimos como comunidad profesional.

En una sociedad diversa, el respeto no es una concesión: es una responsabilidad. Y como profesionales, como líderes y como seres humanos, tenemos la oportunidad de construir espacios donde todas las personas puedan amar y vivir con dignidad.

Porque al final, más allá de títulos y credenciales, todos buscamos lo mismo: ser vistos, ser respetados y amar de la forma más honesta posible.

 

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